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Fortalecimiento Institucional y Desarrollo

Qué es fortalecimiento institucional - Nuestro enfoque

Después de seis décadas de cooperación internacional para el desarrollo, a menudo se ven con cierta desazón los resultados diversos de dicho esfuerzo. Ciertamente, ha habido avances; se han acumulado infraestructuras y capital financiero, humano e institucional. Sin embargo, si definimos "desarrollo" como la capacidad de una sociedad de sostener por si misma su progreso económico y social, salvo admirables excepciones, los países receptores de la cooperación continúan tan incapaces de generar su propio progreso de manera autónoma como lo fueron hace medio siglo. Continúan, en gran medida, dependiendo de la ayuda internacional, a la vez que su ciudadanía continúa sin participar de forma activa.

La necesidad del FI y buen gobierno

¿Qué ha faltado? Principalmente, un marco institucional eficaz y una cultura política que lo sostenga con una expectativa de buen gobierno. Se ha demostrado que no basta con la oferta de buena capacidad institucional que ha venido aportando la cooperación internacional en los últimos años. Hay numerosas instituciones financieras, parlamentarias, administrativas o jurídicas ineficientes que eventualmente enfrentan problemas serios de corrupción. El problema de fondo es la carencia de fortalecimiento institucional ya que su conexión con el buen gobierno es directa.

La vida de las sociedades no puede funcionar sin la mediación de instituciones confiables y predecibles que, más allá de la calidad de su diseño, se consiguen con la expectativa universal de que lo serán y la intolerancia sistémica a que no lo sean. Las instituciones funcionarán en la medida en la que los ciudadanos reconozcan su importancia para la vida de la sociedad, acepten los costes de hacerlas valer, y no toleren lo contrario en su vida pública. El medio indispensable para ese activismo ciudadano es una sociedad civil dinámica.

Sociedad Civil

Entendemos sociedad civil como la vida asociativa de los ciudadanos. Dejando a un lado los interminables argumentos de lo que es y lo que no es sociedad civil, lo esencial de ésta no es su estructura, sino su función intermediaria entre el ciudadano y el espacio público, y su papel irremplazable en el desarrollo. La sociedad civil, con sus miles de distintas voces y sus intereses a menudo encontrados, es el espacio donde se genera la conciencia ciudadana por el interés compartido y por la necesidad de apropiarse y proteger el bien común público. En este sentido, la sociedad civil tiene un papel central en el desarrollo, ya que promueve los intereses de los excluidos, defiende los derechos humanos y articula los más urgentes problemas de desarrollo. Por ello, no sólo hay que orientar los esfuerzos de la cooperación hacia el fortalecimiento de las instituciones públicas, sino que hay que complementarlo con el fortalecimiento de las capacidades de los ciudadanos. Así, estos serán los protagonistas de su propio desarrollo y no meramente indiferentes a la vida pública y receptores pasivos de la ayuda internacional.

El papel de la cooperación

Los países desarrollados a menudo se caracterizan por la confiabilidad de sus instituciones y su relativo buen gobierno. También se aprecia que no puede haber sociedades consolidadas con ciudadanos débiles. La cooperación debe entonces preguntarse: ¿cómo se enciende esta chispa de apropiación y participación? ¿existe un papel para la cooperación externa en este sentido? Si el cambio que se busca reside en la capacidad interna de concertación de la sociedad, ¿cómo puede incentivarse desde fuera? Y si el llamado subdesarrollo es el conjunto de síntomas económicos de una enfermedad, en el fondo causada por otros cívico-políticos, ¿sirven para ello las herramientas económicas típicas de la cooperación? El desafío actual de la cooperación reside en dar respuesta de forma efectiva a estas preguntas.

No es necesario reinventar la cooperación internacional, sino rediseñarla. Esto supone orientar las intervenciones de tal manera que incluyan este enfoque y evaluar los resultados con criterios diferentes. En primer lugar, se debe evitar la atribución de las políticas de desarrollo de los países receptores de la ayuda, ya que, si bien dejan un legado de buenos proyectos, privan por otro lado a las sociedades anfitrionas del aprendizaje necesario para tomar por sí mismos las decisiones y asumir las responsabilidades. En definitiva, de hacerse dueños del problema y del coste de la solución.

La cooperación internacional debe promover una ciudadanía que se apropie de su desarrollo y desalentar una ciudadanía posicionada como "beneficiaria". Para ello, debe llegar a la misma a través de las organizaciones de la sociedad civil e incentivar a los gobiernos con los que colabora a incluirla en el proceso de articulación de las políticas públicas. Es necesario, entonces, un fortalecimiento institucional en dos niveles: a nivel nacional, para reforzar las instituciones propias del Estado de Derecho, y a nivel local, para construir capital social y tejido de relaciones institucionales.

La resolución de los problemas a nivel local, como mecanismo de apropiación del espacio público, llevará a generar una conciencia ciudadana por la necesidad de instituciones y políticas confiables en los niveles superiores. Sobre estas instituciones y la confianza que los ciudadanos depositan en ellas, descansa el éxito sostenible de la economía y el desarrollo.

CECOD
Centro de Estudios de
Cooperación al Desarrollo

C/Julián Romea 22, 28003 Madrid